31 ago 2008

NO HAY CONDENACIÓN

Nos hemos detenido en algo en lo que significa tener el punto de vista de cristo. Declaramos que es imposible para un cristiano ser un verdadero discípulo a menos que posea como propio el punto de vista de Cristo. He descubierto que eso es invariablemente cierto en mi propia vida personal. A menos que miremos un dilema en la vida de otro tal como Cristo lo ve, no somos capaces de ayudar a esa persona a tener una solución duradera al problema. A menos que enfrentemos los problemas que surgen en nuestra propia vida con el punto de vista de Aquel que nos ha redimido, no encontraremos soluciones viables.

Pero aun mas importante que ver los problemas desde el punto de vista de Cristo es la necesidad absoluta de mirar a otras personas, sean creyentes o incrédulos, como Jesucristo las mira. Para hacerlo. Para hacerlo, debemos salir completamente del marco. Con una percepción meramente humana, no importa lo adiestrado o agudo de la percepción, simplemente no podemos ver a los demás como los ve Jesucristo. Los vemos confundidos por nuestros impedimentos. Los vemos quebrados y machacados en los bordes, porque con demasiada frecuencia les meramos desde el punto de vista de la autojustificación, especialmente si ocurre que no hemos tenido la carga de algunas faltas o pecados particulares bajo los cuales pena nuestro prójimo. Lo vemos oscurecido a través de nuestra propia justicia. Lo vemos de un modo avieso y parcial porque ocurre que ellos han caído en un hoyo particular que, por la gracia de Dios, nosotros hemos sobrepasado.

O los vemos como extraños, fuera de nuestro mundo, mas allá de nuestra comprensión y por tanto con la casi imposibilidad de ser ayudados porque no hemos compartido su tribulación o pecado particular. Por ejemplo, si no hemos bebido poco ni mucho, miramos con ojos asombrados al alcohólico que sencillamente no puede dejar la botella aunque él o ella vena el daño que les está causando.

Nosotros, seres humanos, distorsionaremos a nuestro prójimo a través de nuestros ojos espirituales, a menos que tengamos el punto de vista de cristo. Y al fin solo podemos tenerlo por una rendición completa y total de nuestro yo (incluyendo nuestros preciados puntos de vista) en las manos del Dios viviente. Solo Cristo por medio del Espíritu Santo puede darnos el punto de vista que El tiene.

Creemos que el punto de vista de Cristo debe comenzar en la cruz de Cristo. No podemos mirar a nuestros prójimos humanos con el punto de vista de Cristo a menos que los veamos tal como El los ve: ¡Desde la cruz! y el punto de vista Cristo de la cruz es resumido en sus propias palabras, dichas desde ese instrumento de tortura: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”

Por lo tanto, el punto de vista de Cristo debe ser de no condenación, porque un punto de vista condenatorio implica solo una cosa: la justicia propia dentro del corazón del que condena. Y la justicia propia dentro del creyente implica solo una cosa: el punto de vista del creyente más que el punto de vista de Aquel en quien cree.

El círculo es vicioso y sutil.

Pero mirémonos en el molde de la vida terrenal de nuestro Señor por un momento. Nació en el lugar más humilde que pueda nacer un hombre. Creo que el Padre escogió un establo para lugar de nacimiento de su Hijo, para que ningún ser humano en las épocas venideras pudiera decir: “Mi trasfondo no es bastante bueno para poder ser cristiano”. Nadie, nadie puede nacer con un ambiente más pobre que el de nuestro Señor.

Desde el punto de vista de su nacimiento y las condiciones que lo rodearon, ¿podemos condenar a cualquiera de nuestros prójimos sin considerar cuál fue su comienzo?

O miremos el bautismo de Jesús de Nazaret. “Entonces vino Jesús desde Galilea al Jordán a Juan para ser bautizado por él”. Para ser bautizado por Juan, la gente estaba en fila a lo largo de la orilla del río Jordán. ¿Podemos imaginar al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” de pie allí, pacientemente, en la línea entre un ladrón arrepentido y una mujer de la calle, esperando su turno para ser bautizado con los otros? No podemos imaginarlo de otra manera porque El vino para servir y no para ser servido. Para salvar y no para condenar.

Testifico, de acuerdo a mi propia experiencia, de que si aquella a quien Dios uso para guiarme a un relación personal con Jesucristo de alguna manera o haciendo cualquier inferencia, hubiera intentado condenarme durante aquellos primeros días tensos cuando el Espíritu Santo trabajaba dentro mi corazón, ¡yo ahora no estaría escribiendo estas líneas! Ahora sé lo difícil que resultó. No es fácil, para quien ama a Jesús por encima de todo, quedarse sentado escuchando blasfemar su Nombre. No es fácil tener una razón en la vida para dejarse ridiculizar. No es fácil ser ridiculizado por Cristo.

Pero tampoco fue fácil para El colgar mientras oía su propia sangre brotando de su cuerpo torturado y orar por el perdón de aquellos que lo crucificaban. No fueron necesarios la habitual docena de hombres al ponerlo plano sobre la cruz. Estuvo allí yacente, sin ofrecer resistencia, sin hacer movimientos defensivos mientras los agudos clavos eran metidos en sus manos y pies extendidos. Cuando la cruz fue levantada y colocada en un hoyo cavado en la tierra, no lanzó gritos de protestas. Oró pidiendo el perdón de aquellos que le levantaban. En este punto de vista desde la cruz está el secreto abierto para el discipulado, disponible para ti y para mí.

Si hemos de tener el punto de vista de Cristo, no podemos condenar; solo podemos atender.


Extraído del libro Descubrimientos de Eugenia Price

18 ago 2008

Salmo 62:5 En Dios solamente reposa mi alma, porque de él viene mi esperanza.

Este texto ha sido traducido en la versión portuguesa de la siguiente manera “Solamente en Dios ¡OH alma mía!, espera silenciosa, porque de él viene mi esperanza”. En un mundo agitado como el nuestro, desde niños aprendemos a correr y correr sin tener tiempo para estar solos y mucho menos para quedar a solas con Dios.

La comunión con Cristo no consiste solo en orar, estudiar la Biblia y testificar. También es necesario “esperar silenciosamente en Dios”. ¿Por qué no permanecer algunos minutos en silencio, meditando en el amor de Dios, en su grandeza y misericordia, y alabando su nombre sin palabras?

La próxima vez que dediques tiempo a la comunión con Dios (Puede ser hoy mismo), practica la meditación. Mientras perseveras en la presencia de Dios sentirás que el Espíritu Santo comienza a operar suavemente en tu corazón. El te dará la seguridad de estar en la presencia de Dios Todopoderoso, aunque no estés sintiendo nada. Te llenara con una sensación de paz, fuerza y poder. El amor de Dios ahuyentara la tristeza, el desanimo y las preocupaciones por alguna prueba que puedas tener ante ti.

Entonces tu corazón quedara lleno de alegría, y sentirás el deseo de cantar y agradecer las bendiciones que tus ojos aun no vieron, pero que ya tienes la certeza de haber recibido. Ninguna orden se repite tan frecuentemente en la Biblia como la de alabar el nombre de Dios. Pero no existe alabanza sin meditación. En una meditación, en el silencio, es adonde el alma se encuentra con Dios y se deleita en las verdades eternas.

Con frecuencia hacemos de la oración un discurso a Dios. Hay poco dialogo. Alguien dijo que para cada corazón que dice: “Habla Señor que tu siervo oye”, hay diez que dicen: “oye Señor que tu siervo habla”, ¿Te diste cuenta de que tenemos tantas cosas para decirle a Dios, que raramente nos sobra tiempo para tratar de oír su voz? A su vez, que Dios nos haya dado dos oídos y una lengua. ¿No querrá decir de alguna forma que debemos oír el doble de lo que hablamos?

¿Cómo puedo oír a Dios? ¿Debo sentir su voz en medio del dormitorio? Probablemente no. Pero si después de leer la Biblia y orar, separamos tiempo para meditar en silencio, el Espíritu Santo despertara convicciones profundas en nuestro corazón. Hará que las verdades que pasaron inadvertidas en la lectura de la Biblia, adquieran, de repente, vida y significado para las circunstancia que estamos enfrentando...

Oír interiormente es un don dado por Dios a todos sus hijos, y como todo don, necesita ser desarrollado y requiere experiencia. Necesitamos comenzar, diciendo por ejemplo: “Señor. ¿Qué tienes para decirme hoy? Luego permanece en silencio. El sabe que en ese momento nuestro corazón esta receptivo. Con certeza quedaras maravillado con las cosas que el Padre tiene reservado para ti.

Alejandro Bullón

¿Que punto de vista? ¿El de Jesus o el mio?

Inmediatamente antes de ir a sentarse a la derecha de su padre, lo que Jesús dijo no fue: “vayan y salven a la gente”. Dijo: “Vayan y hagan discípulos a la gente”. Un discípulo es aquel que aprende. Alguien que se pone en actitud de aprender y sobre todo que esta dispuesto a aprender. ¿Eso nos Incluye? ¿Estamos en posición de aprender de El? ¿O estamos encerrados, acurrucados dentro de los rígidos confines de nuestro propio credo? ¿Estamos consagrados a la tarea de llevar a otros a una relación personal con Jesucristo? ¿O estamos ligados y determinados a llevarlos a un acuerdo con nosotros?

Jesús dijo: “Cuando el Espíritu venga, el os guiará a toda verdad”. ¿Realmente confiamos en el Espíritu de verdad o simplemente confiamos en lo que nosotros entendemos sobre El?

¿Nos aferramos dogmáticamente a nuestras doctrinas? ¿O somos sostenidos en los brazos perdurables de Aquel que prometió que nunca nos dejaría ni nos abandonaría? ¿Somos creyentes en las cosas que sabemos sobre Jesucristo? ¿O somos creyentes en Jesucristo mismo? ¿Somos alumnos? ¿Lo somos?

¿Qué significa ser discípulo? si uno ha de llegar a ser discípulo de Jesucristo debe tener el punto de vista de Jesucristo.

El vocablo “Visión” significa el mismo acto de ver ¿Vemos lo que Cristo ve en las personas alrededor de nosotros?

En segundo lugar, “visión” significa un examen mental; una revisión simple de los argumentos” ¿Aplicamos el mismo examen de cristo sobre los argumentos (racionales e irracionales) que escuchamos rondando a nuestro alrededor aun entre los cristianos?

En tercer lugar “Visión” significa “poder ver; alcance o ámbito de la vista”. ¿Tenemos el “poder ver” de Cristo para aquellos que El nos mandó que ayudemos? ¿Tenemos su “alcance de vista” para comprender sus necesidades y las causas que los separan de El?

En cuarto lugar la palabra “visión” también se define “modo de mirar algo; juicio tal como para establecer el propio criterio de política”. ¿Miramos las ovejas y los encargos de Cristo a través de sus ojos? ¿O juzgamos por nosotros mismos cuando condenamos a otros y nos burlamos en silencio, engañándonos a nosotros mismos hasta el punto de llegar a creer que estamos dejando el juicio a El? ¡Y la última parte de esta definición en particular abarca la declaración de la propia visión de tal política! ¿en que medida somos similares a Cristo en nuestra visión de la política de nuestro hermano cristiano cuando ocurre que está en desacuerdo con la nuestra?

“Punto de Vista”: un termino usado comúnmente, con poco comunes profundidades de significado, como creyentes en Jesucristo, nos atrevemos a examinar nuestras propia disciplina a la luz de si vivimos o actuamos o no desde el punto de vista de Aquel en quien creemos.

Jesús estaba “en el principio”, y su punto de vista es y siempre ha sido sin variaciones. Porque el es la Roca en la cual puede descansar toda premisa y a partir de la cual podemos proyectar con seguridad nuestro vuelos del entendimiento. Si nuestros descubrimientos son reales y verdaderos, volverán descansar en la Roca. Serán probados y vueltos a probar y dirigidos y redirigidos con paciencia por el Espíritu de Verdad que, gracias a Dios, ha venido y mora dentro de nosotros solo con que lo invitemos.

Extraido del libro Descubrimientos de Eugenia Price



7 jul 2008

"Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo y huirá de vosotros" Santiago 4:7

El apóstol Santiago, que da testimonio de la eficacia de las fervientes oraciones del justo en Santiago 5:16, también nos cuenta el secreto de como vencer al enemigo en Santiago 4:7: "Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo y huirá de vosotros". Ante todo, debemos humilde, confiada y constantemente, someternos a Cristo en la oración y devoción. Entonces, al estar con Cristo y llegar a ser uno con él, podemos resistir juntos con éxito al diablo. Y el resultado es la derrota de Satanás ante este formidable frente divino-humano. Verdaderamente Satanás huirá de nosotros en vez de que nosotros retrocedamos ante él. Nunca olvidemos que la resistencia sin someternos a Cristo significa derrota. Nunca somos capaces de resistir a menos que primero nos sometamos.

Alguien le preguntó una vez a una jovencita que se sometía diariamente a Cristo en oración y suplicación, "¿qué haces cuando Satanás llega golpeando la puerta de tu corazón?"

"Tan pronto como golpea, le pido a Jesús, que siempre está conmigo, que vaya a contestar", respondió sabiamente: "Entonces cuando ve a Jesús en la puerta, dice mientras se marcha: "Perdón, me dieron la dirección equivocada"

(El método de Cristo para el crecimiento espiritual - Capitulo 17)

22 jun 2008

¿Podemos alcanzar la Perfección?

Del estudio de las enseñanzas de Elena de White acerca de los eventos finales, nada es mas claro que su convicción de que el pueblo de Dios debe hacer esfuerzos deliberados por obtener la perfección del carácter a fin de prepararse para la crisis final. Ella dice: “Ahora, en tanto que nuestro gran sumo sacerdote está haciendo propiciación por nosotros, debemos, tratar de llegar a la perfección en Cristo”.

Desafortunadamente, muchos malinterpretando lo que ella dijo, y temiendo no ser lo “suficientemente buenos”, se han convertido en obsesos perfeccionistas. En estas paginas desarrollaremos la perfección dentro del contexto de la elevada norma que Elena de White contempló, y que contribuye a quitar el temor que muchos de nosotros hemos albergado de que la preparación para el tiempo del fin sea un sueño imposible.

¿Como alcanzar la perfección del carácter y como se empieza a transitar por ese camino?

Hay cosas que humanamente podemos hacer, y otras que Dios promete concluir en nuestras vidas por medio del Espíritu Santo.

¿Qué es la perfección?

Si hemos de alcanzarla alguna vez debemos tener una idea correcta de lo que significa. Para ello vamos a utilizar algunas analogías:

La analogía del arco iris: ¿ha tratado alguna vez de asir o atrapar un arco iris? Supongamos que usted esta parado en la cima de una colina, y ve un arco iris que termina “justamente en aquel árbol del valle”. De modo que corre hacia allá, pero cuando llega al árbol. ¿Dónde esta su arco iris? Esta en la cima de la próxima colina. Vuelve a correr hacia aquel lugar pero ahora el arco iris se encuentra en el fondo del siguiente valle. Usted puede perseguir a un arco iris colina tras colina y valle tras valle hasta la puesta del sol y nunca podrá encontrarlo, porque siempre se mueve delante de usted.

La perfección se parece a eso, cuando usted cree haberla alcanzado, se le adelanta. Puede perseguirla hasta la venida del Señor pero nunca la alcanzará.- No quiere decir que sea imposible acercarse a ella.- Quiere decir que usted y yo nunca sabremos cuando hemos alcanzado cierto grado de perfección.- Por eso 1 de Juan 1:8 dice: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no esta en nosotros”.

La analogía de Abraham: Cuando Abraham salió de Ur de los Caldeos hacia la Tierra Prometida, no sabia hacia donde se dirigía, pero comenzó a caminar y cuando lo hizo Dios dirigió sus pasos.

La verdad que el viaje de Abrahán a Canaán no estuvo ni únicamente bajo su responsabilidad, ni exclusivamente bajo la de Dios. Abrahán tuvo que dar un paso tras otro, y caminar, y caminar. En eso consistió su parte. La parte de Dios fue guiar sus pasos. Dios prometió hacer su parte toda vez que Abrahán hiciera la suya, y su arribo a Canaán estuvo asegurado.-

Lo mismo ocurre con nuestro viaje a la perfección: no es ni responsabilidad exclusiva de Dios, ni nuestra. Más bien es una aventura y una responsabilidad compartida entre Dios y nosotros. Y nunca sabremos que ya somos casi perfectos. Pero cuando hacemos nuestra parte, cuando “damos un paso tras otro” como lo hizo Abrahán, Dios se responsabiliza de llevarnos a la perfección. Este punto es un principio sumamente importante.

No sabemos lo que es la perfección ni como alcanzarla, pero cuando hacemos nuestra parte, Dios se encarga de conducirnos a ella.

¿Cuál es el proceso para alcanzar la perfección del carácter?

Debemos completar 3 pasos en el camino de la perfección:

· La Convicción

· La Conversión

· La resistencia

Dios tiene su parte en cada una de ellas y nosotros otra, algo parecido a esto:


La Parte de Dios

Nuestra Parte

Cambio

Convicción




Conversión




Resistencia




En cada paso que usted y yo demos, guiados por Dios producirá un cierto cambio en nosotros. Esto será particularmente importante entenderlo cuando demos los dos últimos pasos, camino a la santificación.

· CONVICCION: significa tener una fuerte convicción o impresión acerca de algo, es una creencia que te sostiene con firmeza “Y cuando é [El Espíritu Santo] venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8)

La parte que Dios desempeña en la Convicción es mostrarnos nuestros pecados ¿Cuál es entonces nuestra parte?

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame, y reconoce mis pensamientos. Mira si voy en mal camino, y guíame por el camino eterno. (Salmo 139:23,24)

Nótese que David pidió a Dios que lo convenciese. En realidad dijo: “Por favor, Señor, analiza mi mente, prueba mis pensamientos y, si encuentras algo erróneo en mi vida, dime qué es”.

Nuestra parte en la obtención de la convicción es pedirla. Podemos pedirle a Dios que nos muestre cualquier cosa que necesitamos conocer a fin de ser perfectos, y el lo hará. Es lo que Pablo dijo a los creyentes filipenses:

“Prosigo a la meta. Al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelara Dios.” (Fil.3:14, 15)

Jesús traerá a su mente cualquier pecado que necesite confesar, y lo hará a tiempo para que lo arregle antes que termine el Tiempo de Gracia.

Ahora volvamos a nuestro gráfico:

· CONVERSION: Dios creo a Adán y a Eva como seres perfectos interiormente. El estilo de vida divino armonizaba perfectamente con sus deseos. Después de la caída. Adán y Eva eran egoístas. El pecado tomo control de sus deseos. Su problema era que estaban atrapados. Se habían metido en una situación de la cual no podían escapar por sus propios medios. Usted y yo podemos descender a un pozo sin problemas, pero no podemos salir de el sin ayuda.

Dice Elena de White: “Es imposible que escapemos por nosotros mismos del hoyo del pecado en que estamos sumidos. Nuestro corazón es malo y no podemos cambiar… La educación, la cultura, el ejercicio de la voluntad, el esfuerzo humano. Todos tienen su propia esfera pero no tienen poder para salvarnos. Pueden producir una corrección externa de la conducta, pero no pueden cambiar el corazón, no pueden purificar las fuentes de la vida.”

¿Qué es una fuente de vida? En la vida real, una fuente es un lugar donde el agua surge desde las profundidades de la tierra. Una fuente impura puede ser amarga, venenosa o ambas cosas a la vez.

Obviamente es de suma importancia para nosotros saber cuales son estas Fuentes. Yo creo que son los motivos más profundos de nuestros corazones, nuestros más poderosos deseos, nuestras prioridades más básicas. Y solo Dios puede cambiar esos deseos. Esa es su parte. Jesús llamo a ese cambio el “nuevo nacimiento”. Explica Elena de White: El Salvador dijo “A menos que el hombre naciere de nuevo”, a menos que reciba corazón nuevo, nuevos deseos, designios y móviles que lo guíen a una nueva vida “no puede ver el reino de Dios “.

Dios tiene que cambiar en nosotros aquello que nosotros no podemos cambiar: nuestros propósitos, deseos y motivos. Nosotros no podemos crear nuevos deseos, propósitos y motivos dentro de nosotros mismos. Los recibimos de Dios.

Hay dos cosas que deben ser cambiadas de nuestras vidas. Una nuestros deseos y otra nuestro comportamiento. Por desgracia, en su intento por vencer el pecado, la mayoría de los cristianos, mezclan estas dos cosas. Piden a Dios que les ayuden a cambiar su comportamiento pecaminoso, cuando lo que necesitan es pedirle que cambie sus deseos pecaminosos.

La próxima vez que Satanás se le presente con la tentación más difícil, en vez de pedir, “Señor por favor, ayúdame a dejar de hacer tal o cual cosa”, diga “Señor, por favor, quítame el deseo de hacer tal o cual cosa”.

Esta puede ser una oración sumamente difícil de pronunciar, porque nos gustan demasiado nuestros pecados. Si Dios nos quita el deseo de cometer ese pecado, ya no podríamos gozarlo.

La clave para vencer todo pecado acariciado es hacer una elección voluntaria y consciente cuando la tentación es más fuerte. “Señor por favor ayúdame a no desear este pecado. Quítame el deseo ahora mismo”.

Yo no conozco ninguna batalla espiritual que sea más difícil que pedir a Dios que cambie mis deseos de realizar un pecado específico, cuando no hay nada en el mundo que desee más que cometerlo. Sin embargo, he descubierto que cuando elevo esa oración en el momento de la tentación mas intensa, gano la victoria. He notado también que si sigo pidiendo a Dios que cambie mis deseos cada vez que la tentación se presente, llega el momento en que ya no deseo cometer más ese pecado particular.

Ahora pongamos la parte de Dios y la nuestra:


La Parte de Dios

Nuestra Parte

Cambio

Convicción

Mostrarnos nuestros Pecados

Pedirla

Discernimiento

Conversión

Cambiar nuestros Deseos

Pedirlo

Deseo

Resistencia




· RESISTENCIA: La oración que pide el cambio del deseo de cometer tal o cual pecado, no es lo mismo que la ayuda para no llevarlo a cabo, y en el momento de la tentación más fuerte, necesitamos ayuda para ambos lados. Necesitamos que Dios nos quite el deseo pero necesitamos también ayuda para no cometerlo. Pero necesitamos primero que nos quite el deseo, pues de otro manera estaremos luchando por no hacer algo que tenemos un irresistible deseo de hacer.

Muchos de nuestros pecados son vencidos simplemente por nuestros cambios de deseos de cometerlos. Sin embargo, he descubierto que en el caso de un pecado profundamente arraigado, necesito que Dios me ayude a no cometerlo y a portarme bien, aun después de haber pedido que cambie mis deseos. Los deseos restringido o transformados hacen que el cambio de comportamiento sea posible. Pero no lo hace necesariamente inevitable.

Además el cambio de conducta se produce mediante un proceso enteramente diferente de la forma en que se produce el cambio en nuestros deseos. Dios cambia nuestros deseos, Nosotros no podemos hacerlo. Pero Dios no cambia nuestro comportamiento. Este principio es muy importante:

Solo Dios puede cambiar nuestros deseos.

Solo nosotros podemos cambiar nuestro comportamiento.

A muchos nos gustaría que Dios cambiara tanto nuestros deseos como nuestra conducta. Sin embargo, Dios no puede cambiar nuestro comportamiento sin violar nuestro libre albedrío y nuestra voluntad. Alguna vez, ¿ha visto que Dios extienda su mano desde el cielo para arrebatarle la bebida a un alcohólico? Por supuesto que no. Dios quita el deseo de pecar, pero NOSOTROS debemos cambiar nuestra conducta.

Afortunadamente, Dios no nos dice “Yo les di un nuevo repertorio de deseos. Ahora ustedes cambien su comportamiento”. El nos ayuda en esto también: la ayuda que Dios nos da para cambiar nuestra conducta se resume en un versículo bíblico muy breve

“todo lo puedo en Cristo qué me fortalece”. (Fil. 4: 13)

Note que Pablo habla aquí de la conducta. Dice: “todo lo puedo“; no unas pocas cosas, sino todas. Eso significa que usted puede vencer cualquier pecado, no importa cuan difícil le haya parecido hasta aquí. Pablo dice que el cambia su conducta con la ayuda que Dios les da. De modo que la parte de Dios en el cambio del comportamiento, consiste en darnos su poder...

¿Y cual cree usted que es nuestra parte? Estoy seguro que a esta altura ya lo adivino PEDIRLO

Añadimos esto a nuestra grafica:


La Parte de Dios

Nuestra Parte

Cambio

Convicción

Mostrarnos nuestros Pecados

Pedirla

Discernimiento

Conversión

Cambiar nuestros Deseos

Pedirlo

Deseo

Resistencia

Darnos su Poder

Pedirlo ¡Diga NO!

Conducta

Una bella declaración de Elena de White resume este principio:

Una importante ley de la mente -que no debe pasarse por alto- es que cuando un objeto que se desea es negado con suficiente energía como para eliminar toda esperanza de conseguirlo, la mente deja pronto de anhelarlo y se ocupa de otros intereses. Pero mientras detecte la menor esperanza de lograr el objeto deseado, se esforzará por obtenerlo”.

Use esta formula la próxima vez que una fuerte tentación lo acose. Comience diciendo: “Señor, por favor cambia mi corazón para que ya no siga deseando este pecado”. E inmediatamente prosiga con esta otra oración: “Señor, dame el poder para no pecar. Entonces dígase a si mismo ¡No! con mucha firmeza, con la misma firmeza que le dice a un niño que le importuna con un pedido impropio. Esta puede ser la elección más difícil que usted tenga que hacer jamás, pero funciona. Yo lo se. Ha dado resultado en mi vida muchas veces.

Abrahán llego a la tierra prometida paso a paso. Cuando él hizo su parte, Dios también hizo la suya. Usted da un paso tras otro, pidiendo a Dios fortaleza para cambiar su comportamiento y diciéndose ¡No! a sí mismo. Esa es su parte. Cuando así lo haga, entonces conducirlo a ese lugar ignoto llamado perfección será responsabilidad de Dios. Usted no tiene por que preocuparse de si es apto o no para llegar. El se ocupara de eso, sin el menor peligro de fracaso.

Al pedir al Espíritu Santo en la forma descripta, descubrirá que experimentara un desarrollo, con frecuencia rápido, en su carácter y en su vida. Comience a dar estos pasos. Yo le garantizo que Dios no terminara el tiempo de gracia antes que usted esté listo.

Extraido de libro El desafío del tiempo final de Marvin Moore